lunes, 22 de octubre de 2018

Las mentiras y la flexibilidad laboral

Cuando nos venden veneno para que permanezcamos dormidos lo hacen con un envase bonito. Así lo hacen los grandes vendedores, que nos muestran sólo las cosas bellas, escondiendo las feas para que tarde las descubramos, pero ya estará pagado.

Similitud existe con la flexibilidad laboral y se encuentra en como la venden con las siguientes frases: "compatibilizar mejor el trabajo con la familia", "reducción del retraso laboral", "ayudar a la ciudad teniendo menos personas que deben circular hacia su trabajo y su retorno", "que nuestros jóvenes puedan compatibilizar sus estudios con el trabajo", "que los adultos mayores puedan trabajar", etc., donde las razones esgrimidas, y aún más la suma de ellas, generan un producto apetecible, pero, ¿qué viene por dentro?

Desde que llegó el actual gobierno (11/03/2018), múltiples proyectos de ley están siendo evaluados tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, algunos de ellos son nuevos, es decir creados en éste período, otros vienen del período anterior de Piñera, como el Estatuto Juvenil, que apuntan a flexibilizar el trabajo.

Nos decía, días atrás el Presidente:
“En Chile, la jornada de trabajo se reparte en forma muy rígida por la ley (…) a algunas personas les gusta trabajar más en invierno y disfrutar más el verano, eso debiera estar permitido en la medida que se logran acuerdos libres y voluntarios entre las partes”
Sebastián Piñera

Después de escuchar dicho mensaje, ¿Alguien piensa que una persona individual le podrá "imponer" su tiempo libre a un empresario?, ¿o es más fácil pensar que será el empresario quien dirá, a su gusto y necesidad, cual es el horario en que se deba trabajar? En el Estatuto Juvenil nos dicen qué al estudiante, sólo por el hecho de serlo, le pueden fraccionar la jornada en un sinnúmero de turnos durante el mismo día, bajo el lema de compatibilizar estudios y trabajo, cuando en la práctica esto se hará sin tomar en consideración sus necesidades académicas, sino que las horas peak de atención a clientes de las empresas que los contraten. ¿Cuándo estudiará este/a joven? ¿Qué tanto se beneficiará su rendimiento académico de estas medidas? En otras palabras, ¿los favorecidos son las mujeres, los estudiantes, o los empresarios? Creemos que esta es la pregunta principal, que devela lo que hay en la manzana. Como alguna vez nos dijeron que tendríamos la "libertad" para cambiarnos de fondos durante nuestra vida laboral, entre el A y el E, y la realidad fue que, además de lo antes mencionado, se cambiaron ciertas reglas del negocio para que los empresarios puedan rentabilizar más su negocio a costa de pensiones miserables.

También, nos llama la atención que tanto en el proyecto que van a enviar para "flexibilizar" más el mercado laboral (ya con el Art. 22 del Código del Trabajo tenemos bastante, sumemos la subcontratación y tantas otras de flexibilización que hoy amparan ese acto), como en el Estatuto Juvenil, tengan que señalar las autoridades que flexibilización no es sinónimo de precarización, donde esta segunda palabra tiene un contexto negativo. ¿Por qué el empeño de desmarcar dichas palabras, sobre todo si esos proyectos no nombran la segunda de ellas? ¿Será el subconsciente de ellos que los traiciona y nos están tratando de vender la manzana diciendo "no está envenenada"? Por cierto, aquí nos señala el significado de "flexibilización" y deja en claro que es en desmedro de las protecciones laborales.

Por último, el presidente nos señala que “tenemos que confiar más en nuestros trabajadores y en nuestros empleadores, y confiar más que cuando llegan a un acuerdo libre y voluntario, ellos son los que mejor pueden juzgar la ventaja y los beneficios de ese acuerdo”. ¿Nos intenta decir él que las y los trabajadores tenemos igual fuerza de negociación que un empleador? Como muestra, trate de cambiar algo de su contrato, para ver si el empresario le permite hacerlo. Eso es una mentira, la trabajadora o el trabajador debe adecuarse a las necesidades del empresario para poder llevar el sustento a su hogar, nunca podrá, siquiera, cuestionar alguno de los puntos del contrato.
El 22/10/2018 Copesa, vía El Pulso (La Tercera) también publicó una nota

Blancanieves y la flexibilidad laboral

Cuenta la historia que la bruja mala quería matar a Blanca Nieves, como no podía hacerlo optó por dejarla durmiendo por los siglos. Para lograrlo le regaló una hermosa manzana que escondía su mortal veneno.
¿Qué podemos aprender de esa historia? Que cuando nos venden veneno para que permanezcamos dormidos lo hacen con un envase bonito. Así lo hacen los grandes vendedores, que nos muestran sólo las cosas bellas, escondiendo las feas para que tarde las descubramos, pero ya estará pagado.
El punto, ahora, es ver que relación hay entre Blancanieves y la flexibilidad laboral, y se encuentra en que la primera, Blancanieves, se tienta con la manzana hermosa y la flexibilidad laboral la venden con las siguientes frases: "compatibilizar mejor el trabajo con la familia", "reducción del retraso laboral", "ayudar a la ciudad teniendo menos personas que deben circular hacia su trabajo y su retorno", "que nuestros jóvenes puedan compatibilizar sus estudios con el trabajo", "que los adultos mayores puedan trabajar", etc., donde las razones esgrimidas, y aún más la suma de ellas, generan un producto apetecible, pero, ¿que viene por dentro?
Desde que llegó el actual gobierno (11/03/2018), múltiples proyectos de ley están siendo evaluados tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, algunos de ellos son nuevos, es decir creados en éste período, otros vienen del período anterior de Piñera, como el Estatuto Juvenil, que apuntan a flexibilizar el trabajo.
Nos decía, días atrás el presidente:
En Chile, la jornada de trabajo se reparte en forma muy rígida por la ley (…) a algunas personas les gusta trabajar más en invierno y disfrutar más el verano, eso debiera estar permitido en la medida que se logran acuerdos libres y voluntarios entre las partes
Sebastián Piñera
Después de escuchar dicho mensaje (una manzana roja, muy apetitosa), ¿Alguien piensa que una persona individual le podrá "imponer" su tiempo libre a un empresario?, ¿o es más fácil pensar que será el empresario quien dirá, a su gusto y necesidad, cual es el horario en que se deba trabajar?. En el Estatuto Juvenil nos dicen que al estudiante, sólo por el hecho de serlo, le pueden fraccionar la jornada en un sinnúmero de turnos durante el mismo día, bajo el lema de compatibilizar estudios y trabajo, cuando en la práctica esto se hará sin tomar en consideración sus necesidades académicas, sino que las horas peak de atención a clientes de las empresas que los contraten. ¿Cuándo estudiará este/a joven? ¿Qué tanto se beneficiará su rendimiento académico de estas medidas? En otras palabras, ¿los favorecidos son las mujeres; los estudiantes, o los empresarios?. Creemos que esta es la pregunta principal, que devela lo que hay en la manzana. Como alguna vez nos dijeron que tendríamos la "libertad" para cambiarnos de fondos durante nuestra vida laboral, entre el A y el E, y la realidad fue que, además de lo antes mencionado, se cambiaron ciertas reglas del negocio para que los empresarios puedan rentabilizar más su negocio a costa de pensiones miserables (recuerda, la manzana hermosa).
También, nos llama la atención que tanto en el proyecto que van a enviar para "flexibilizar" más el mercado laboral (ya con el Art. 22 del Código del Trabajo tenemos bastante, sumemos la subcontratación y tantas otras de flexibilización que hoy amparan ese acto), como en el Estatuto Juvenil, tengan que señalar las autoridades que flexibilización no es sinónimo de precarización, donde esta segunda palabra tiene un contexto negativo. ¿Por qué el empeño de desmarcar dichas palabras, sobre todo si esos proyectos no nombran la segunda de ellas? ¿Será el subconsciente de ellos que los traiciona y nos están tratando de vender la manzana diciendo "no está envenenada"? Por cierto, aquí nos señala el significado de "flexibilización" y deja en claro que es en desmedro de las protecciones laborales.
Por último, el presidente nos señala que “tenemos que confiar más en nuestros trabajadores y en nuestros empleadores, y confiar más que cuando llegan a un acuerdo libre y voluntario, ellos son los que mejor pueden juzgar la ventaja y los beneficios de ese acuerdo”. ¿Nos intenta decir él que las y los trabajadores tenemos igual fuerza de negociación que un empleador? Como muestra, trate de cambiar algo de su contrato, para ver si el empresario le permite hacerlo. Eso es una mentira, la trabajadora o el trabajador debe adecuarse a las necesidades del empresario para poder llevar el sustento a su hogar, nunca podrá, siquiera, cuestionar alguno de los puntos del contrato.
El 22/10/2018 Copesa, vía El Pulso (La Tercera) también publicó una nota